De costa a costa

De los fríos vientos del Atlántico a las cálidas aguas del Mediterráneo, la costa europea define el continente en todos su sentidos. Ha creado comunidades, inspirado exploraciones, impulsado comercio y atraído al turismo, sin dejar de ser una fuente constante de maravilla natural.

 

El paisaje costero inspirador de la península de Pelión es el cielo en la tierra para los amantes devotos del sol.

Cuenta la leyenda que los dioses griegos solían ir de vacaciones de verano a la península de Pelión. Con el cálido golfo Pagasético a un lado y el mar abierto Egeo al otro, era el lugar perfecto para Zeus, Apolo, Poseidón y sus amigos omnipotentes para relajarse después de un año duro de deberes divinos.

El impresionante paisaje costero de la península de Pelión

En efecto, los mismos placeres terrenales que atrajeron a los dioses, siguen atrayendo a los devotos del sol. Aquí puedes ver la totalidad de Grecia en un lugar. Cuenta con la belleza de las montañas, la magia de las playas, la vida auténtica del pueblo y la cocina típica. A nivel internacional, la península que da forma a Pelión y su centro principal de Volos, pueden ser menos conocidos que la Costa Brava en España o el sur de Francia, pero ofrece una experiencia europea refrescante y diferente.

 

La impresionante ciudad de Dubrovnik se ha formado por su rica historia costera.

Tomar el teleférico de 778metros hasta la cima del Monte Srd es la manera más rápida de apreciar por qué la ciudad croata de Dubrovnik es una de las joyas costeras más preciosas de Europa. Situada en las brillantes aguas del Adriático y envuelta en dos kilómetros de murallas medievales, este revoltijo fotogénico de tejados de terracota tiene que ser una de las ciudades más reconocidas en el mundo.

Dubrovnik: «La joya del Adriático»

Dubrovnik ha sido un enlace costero entre el este y el oeste desde el 600 d.C. En el siglo XVI era el rival de Venecia, con 200 buques mercantes que conectaban con cada puerto importante del Mediterráneo, Gran Bretaña, Alemania y Bélgica. Hoy en día, esas murallas medievales hacen eco de la risa de los turistas, el tintineo del hielo en los bares en verano, el chisporroteo del pescado asándose y el crujido de satisfacción de los yates de lujo en el puerto deportivo.

 

Rügen, en la costa báltica de Alemania es uno de los secretos mejor guardados de Europa.

A partir de maravillas naturales como rocas calcáreas, senderos interminables y bosques de hayas antiguas, hasta atracciones hechas por el hombre, incluyendo teatros del siglo XVIII, balnearios al lado del mar y campamentos de vacaciones nazis abandonados, esta isla de 900km² en el mar Báltico es extraordinariamente diversa. Los 85 kilómetros de playas de Rügen han atraído a visitantes desde que se inventó el turismo. A lo largo de los paseos cuidados de los balnearios elegantes, hasta las elaboradas casas de vacaciones de los amantes del sol ricos, que se remontan al siglo XIX. Estas villas aburguesadas, mansiones y hoteles son una fusión inusual de casi todos los estilos arquitectónicos que se puedan imaginar, desde el renacimiento francés e italiano, hasta el Art Nouveau gótico.

La isla báltica de Rugen ha sido un destino turístico muy popular desde el siglo XIX

Cargado con balcones adornados, torres, miradores y adornos de filigrana, esta confección de estilos, recién pintados en blanco, dan la impresión de estar en un set de filmación intrigante. ¡Pero no nos equivoquemos! Estos complejos turísticos tienen el mismo aire de exclusividad que infunde Biarritz en Francia, San Sebastián en España o cualquier lugar de la costa italiana de Amalfi.

 

El «Anillo de Kerry» es un camino costero que discurre por playas de arena, pueblos de color pastel y se tambalea por el borde de los acantilados del Atlántico.

En el salvaje oeste de Irlanda, se encuentra un bosque virgen. Helechos, plantas y árboles cubiertos de musco que pueden trazar su ascendencia a los tiempos del Jurásico, florecen e la corriente cálida del golfo que acaricia la costa de Kerry. A lo largo del «Anillo de Kerry», una carretera circular de 178 kilómetros que discurre por la costa atlántica, desde Kenmare, en el sur, hasta Killarney, en el norte, la naturaleza te dejará sin aliento y las historias empezarán a fluir, como la Guinness. Es una epopeya costera europea.

Una carretera costera de 78 kilómetros que te dejará sin aliento

En la ciudad de Killarney, un tradicional punto de partida para el «Anillo de Kerry», cada edificio parece ser un bar y cada bar parece contar con música en vivo. Desde las gigas tradicionales, a las canciones de UV, el sabor es de puro orgullo irlandés.