Los tres países de la costa del Mar Báltico (Estonia, Letonia, y Lituania), son famosos por haber experimentado numerosos levantamientos en el pasado, por lo que durante bastante tiempo el turismo ha sido mínimo. Durante siglos han estado bajo el dominio de varios imperios europeos con algunos períodos intermedios de independencia. El que todos compartan esta circunstancia y su proximidad geográfica confiere a estos países un bagaje histórico común pero diferentes lenguas y culturas. Su riqueza histórica, cultural, arquitectónica y artística no puede menos que atraer a los viajeros que están fascinados por la obra del hombre, mientras que sus magníficos paisajes y parques atraen a los amantes de la naturaleza.
Un poco de historia
Entre los siglos XII y XVII los países bálticos estuvieron bajo la influencia de la Hansa (un gremio de mercaderes); Riga fue el principal centro comercial de Europa del este. En 1589, aunque Letonia y Estonia permanecieron en la Liga Hanseática, Lituania se unió a Polonia. En 1975, después de una nueva división de Polonia, Lituania y los otros dos Países Bálticos se anexionaron a Rusia. Recuperaron su independencia después de la II Guerra Mundial gracias al deseo de los países orientales de crear una barrera entre ellos y Rusia, que se había vuelto Comunista. En 1939 Rusia y Alemania firmaron un tratado de no agresión y en esta ocasión los países del báltico volvieron al redil de Rusia.
Los países bálticos fueron territorios ocupados de la antigua URSS hasta 1990, cuando, durante el período de glasnost del gobierno de Gorbachov, los grupos de la oposición de los países bálticos revindicaron su independencia, y la consiguieron tras la disolución del Bloque Soviético en 1991. En 2004, gracias a su energía y entusiasmo, estos estados entraron a formar parte de la Unión Europea.
Geografía y naturaleza
Los tres países bálticos tienen unas características geográficas muy similares. Los bosques cubren la mayoría del territorio y los visitantes podrán encontrar también un elevado número de lagos; ¡sólo en Lituania hay 2800!
En Lituania los viajeros pueden visitar los parques de Auskaitija y Zemaitija, que contienen un sinfín de lagos glaciares.
En Letonia, el Parque Nacional Gauja alberga numerosas especies animales y vegetales, además de los restos de castillos fortificados. No pueden dejar de visitar la Cueva Guttman, la mayor de los países bálticos.
Al norte de Estonia, el Parque Nacional Laheema ofrece una fabulosa combinación de bosques, acantilados, lagos, cascadas y ríos.
La Costa del Ámbar
Escultura en Corunian Spit, Lituania
Los países bálticos son especialmente famosos por el espléndido litoral del mar Báltico.
En Lituania, el extraordinario Curonian Spit, un parque nacional reconocido por la UNESCO en el 2000, sorprende a los visitantes con una cantidad extraordinaria de bosques de pino negral situados entre una playa de 100 kilómetros (62 millas) por un lado y una laguna por el otro, salpicada a su vez por pintorescos pueblos pesqueros. La pequeña ciudad de Neringa, situada en el Spit da la bienvenida a los visitantes con los brazos abiertos.
En Estonia las islas de Hiiumaa y Saarema son destinos costeros igual de populares.
En el pasado la Ruta del Ámbar del Báltico atravesaba Polonia, Alemania y los Balcanes. Los habitantes de la costa del Mar Báltico todavía utilizan un nombre peculiar para el ámbar: “lágrimas de pájaro”. Según la leyenda, el ámbar báltico contiene “la luz del mundo”.
Espléndidas capitales
Es imposible no visitar la joya de los países bálticos: sus capitales
Un camino de Tallinn, Estonia
Tallinn, capital de Estonia, es la capital más antigua del Norte de Europa. El casco antiguo, que data de la Edad Media, está fortificado y domina el Golfo de Finlandia. También está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Visítenlo a pie, paseen por las calles serpenteantes a la sombra de las murallas y entre los edificios religiosos y las casas de los mercaderes.
Riga, capital de Letonia, es el segundo puerto más grande del Báltico. Conocida como la “Perla del Báltico” su casco antiguo, que data del siglo XIII, atestigua su rico pasado. Aquí puede verse la influencia alemana de los tiempos de la Hansa. Es este período el que hizo de Riga una ciudad cosmopolita, fruto de muchas influencias e intercambios diferentes. A Riga también se la conoce como uno de los centros del Art Nouveau.
La capital de Lituania, el país báltico situado más al sur, el mayor de todos, el más poblado y el más visitado, es Vilnius. La ciudad señala orgullosa que oficialmente ha existido desde 1323. Es ciertamente un cruce cultural de caminos en el que cada uno de los pueblos que han pasado ha dejado su impronta. Esta diversidad se muestra en los edificios del casco antiguo (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), en el que todos los estilos arquitectónicos de Europa central conviven con una sorprendente armonía.
Más información sobre la Ruta del Ámbar en: www.balticamberroad.net